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14 de Septimbre 2017

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Una reciente investigación de la Texas Christian University ha demostrado ese vínculo entre la nutrición en los primeros años de vida y el consumo de alimentos en la edad adulta. Si bien el equipo de investigadores advierte que no se trata de una relación causal, las experiencias tempranas con respecto a la comida pueden influir en el futuro control de la saciedad. Al cabo de tres experimentos, los científicos de la universidad estadounidense concluyeron que las personas nacidas en hogares de bajos ingresos comían –galletitas, pretzels y gaseosas en este caso—a pesar de no tener apetito. Según la psicóloga Sarah Hill, la deficiente educación de los padres en hogares desfavorecidos repercute en cómo los menores se relacionan con su cuerpo. Al desconocer el impacto de determinados alimentos en la salud física, los niños adoptan también hábitos perjudiciales. Por otra parte, señaló la investigadora a The Washington Post, las personas pobres aprenden desde temprano que deben comer cuando hay alimentos disponibles y no solo cuando sienten hambre. El estudio de la universidad texana confirma el peso de las familias en la salud de cada individuo a lo largo de su vida. Una investigación publicada en 2014 en el American Journal of Clinical Nutrition había señalado a los hábitos alimenticios aprendidos en casa como los principales responsables de la obesidad infantil. En general los padres de los pequeños con sobrepeso no disponían de los recursos, el tiempo o la voluntad para preparar un menú más sano. En Estados Unidos la obesidad entre los niños se ha duplicado en las últimas tres décadas y entre los adolescentes se ha cuadruplicado. Según datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), en 2012 más de un tercio de la población comprendida entre 6 y 19 años era obesa. Una reciente investigación de la Texas Christian University ha demostrado ese vínculo entre la nutrición en los primeros años de vida y el consumo de alimentos en la edad adulta. Si bien el equipo de investigadores advierte que no se trata de una relación causal, las experiencias tempranas con

respecto a la comida pueden influir en el futuro control de la saciedad. Al cabo de tres experimentos, los científicos de la universidad estadounidense concluyeron que las personas nacidas en hogares de bajos ingresos comían –galletitas, pretzels y gaseosas en este caso—a pesar de no tener apetito. Según la psicóloga Sarah Hill, la deficiente educación de los padres en hogares desfavorecidos repercute en cómo los menores se relacionan con su cuerpo. Al desconocer el impacto de determinados alimentos en la salud física, los niños adoptan también hábitos perjudiciales. Por otra parte, señaló la investigadora a The Washington Post, las personas pobres aprenden desde temprano que deben comer cuando hay alimentos disponibles y no solo cuando sienten hambre. El estudio de la universidad texana confirma el peso de las familias en la salud de cada individuo a lo largo de su vida. Una investigación publicada en 2014 en el American Journal of Clinical Nutrition había señalado a los hábitos alimenticios aprendidos en casa como los principales responsables de la obesidad infantil. En general los padres de los pequeños con sobrepeso no disponían de los recursos, el tiempo o la voluntad para preparar un menú más sano. En Estados Unidos la obesidad entre los niños se ha duplicado en las últimas tres décadas y entre los adolescentes se ha cuadruplicado. Según datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), en 2012 más de un tercio de la población comprendida entre 6 y 19 años era obesa. Una reciente investigación de la Texas Christian University ha demostrado ese vínculo entre la nutrición en los primeros años de vida y el consumo de alimentos en la edad adulta. Si bien el equipo de investigadores advierte que no se trata de una relación causal, las experiencias tempranas con respecto a la comida pueden influir en el futuro control de la saciedad. Al cabo de tres experimentos, los científicos de la universidad estadounidense concluyeron que las personas nacidas en hogares de bajos ingresos comían –galletitas, pretzels y gaseosas en este caso—a pesar de no tener apetito. Según la psicóloga Sarah Hill, la deficiente educación de los padres en hogares desfavorecidos repercute en cómo los menores se relacionan con su cuerpo. Al desconocer el impacto de determinados alimentos en la salud física, los niños adoptan también hábitos perjudiciales. Por otra parte, señaló la investigadora a The Washington Post, las personas pobres aprenden desde temprano que deben comer cuando hay alimentos disponibles y no solo cuando sienten hambre. El estudio de la universidad texana confirma el peso de las familias en la salud de cada individuo a lo largo de su vida. Una investigación publicada en 2014 en el American Journal of Clinical Nutrition había señalado a los hábitos alimenticios aprendidos en casa como los principales responsables de la obesidad infantil. En general los padres de los pequeños con sobrepeso no disponían de los recursos, el tiempo o la voluntad para preparar un menú más sano. En Estados Unidos la obesidad entre los niños se ha duplicado en las últimas tres décadas y entre los adolescentes se ha cuadruplicado. Según datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), en 2012 más de un tercio de la población comprendida entre 6 y 19 años era obesa. Una reciente investigación de la Texas Christian University ha demostrado ese vínculo entre la nutrición en los primeros años de vida y el consumo de alimentos en la edad adulta. Si bien el equipo de investigadores advierte que no se trata de una relación causal, las experiencias tempranas con respecto a la comida pueden influir en el futuro control de la saciedad. Al cabo de tres experimentos, los científicos de la universidad estadounidense concluyeron que las personas nacidas en hogares de bajos ingresos comían –galletitas, pretzels y gaseosas en este caso—a pesar de no tener apetito. Según la psicóloga Sarah Hill, la deficiente educación de los padres en hogares desfavorecidos repercute en cómo los menores se relacionan con su cuerpo. Al desconocer el impacto de determinados alimentos en la salud física, los niños adoptan también hábitos perjudiciales. Por otra parte, señaló la investigadora a The Washington Post, las personas pobres aprenden desde temprano que deben comer cuando hay alimentos disponibles y no solo cuando sienten hambre. El estudio de la universidad texana confirma el peso de las familias en la salud de cada individuo a lo largo de su vida. Una investigación publicada en 2014 en el American Journal of Clinical Nutrition había señalado a los hábitos alimenticios aprendidos en casa como los principales responsables de la obesidad infantil. En general los padres de los pequeños con sobrepeso no disponían de los recursos, el tiempo o la voluntad para preparar un menú más sano. En Estados Unidos la obesidad entre los niños se ha duplicado en las últimas tres décadas y entre los adolescentes se ha cuadruplicado. Según datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), en 2012 más de un tercio de la población comprendida entre 6 y 19 años era obesa.

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